lunes 28 de diciembre de 2009

CUENTO BARIBA (BENÍN)


Para nutrirnos de un sabio cuento del origen de la vida...

como lo harian los Griots Africanos


GUSUNO (DIOS) EXISTE

¿Quieres que te cuente un cuento?
- Sí, por favor.

Érase una vez un joven que vivía con toda su familia: padre, madre y hermanos. Tenía por costumbre repetir una y mil veces "Gusuno existe" en cualquier momento del día, lo mismo cuando comía que cuando estaba saciado, cuando trabajaba o cuando descansaba, al beber agua o al terminar cualquier trabajo. Siempre tenía esa frase en la boca.
El padre hacía mucho tiempo que había percibido la costumbre de su hijo y le daba mucho que pensar. Estaba convencido de la profundidad de carácter de su hijo y había determinado que sería él el que un día se haría cargo de los destinos de la familia; el detalle de repetir como una melopeya esa pequeña plegaria le parecía muy significativo y juzgó que sería oportuno enviar a su hijo a lejanas tierras para que conociese el mundo y se despertase su inteligencia. Un largo viaje podría ser muy instructivo, aprendería muchas cosas que le permitirían más tarde resolver los problemas más difíciles y salir airoso de las situaciones más embarazosas.
Un día en que toda la familia había pasado la jornada en el campo trabajando la tierra y se habían sentado alrededor del fuego para comer ñame asado, el padre se dirigió a su hijo diciendo:
- Hijo, infinidad de veces ha salido de tu boca la frase "Gusuno existe". Me parece muy bien, no tengo nada en contra pero ¿por qué la repites tanto? ¿por qué, siempre que concluyes un trabajo, dices esas palabras?.
- Porque es verdad. Creo que es la razón de todo, padre, respondió el muchacho. Si Gusuno no existiera, nada existiría. Si él no lo hubiese querido ¿quien te hubiera dado la vida? ¿quien tiene ese poder fuera de Gusuno?. Entonces, porque es el origen de todo es por lo que afirmo que Gusuno existe. Entonces, el padre añadió:
- Me parece muy bien. Estoy de acuerdo con tu explicación, y por el juicio que demuestras quiero que hagas un viaje a tierras lejanas para que tu inteligencia y conocimiento de la vida se acrecienten.
- De acuerdo, padre, Gusuno existe, fue todo el comentario del muchacho.
Al anochecer volvieron a casa, cenaron y se acostaron. Con el primer canto del gallo, emprendió su camino. Anduvo durante mucho tiempo y cuando se encontraba ya muy lejos de su tierra divisó a la vera del camino un grupo de personas agachadas segando mieses de arroz y atando sus gavillas; lo curioso era que las mieses estaban todavía demasiado verdes y las espigas sin granar; aquello le llamó la atención, se detuvo un momento y pensó:
- Es extraño. Deberían dejar granar las espigas hasta su sazón antes de segarlas. ¿Qué grano van a poder sacar de ahí?
De esta forma reflexionaba sin entender qué podía ser aquello y si tenía un significado concreto; como no lograba dar sentido a esa manera de actuar tan misteriosa, exclamó:
- Bueno, no pasa nada. Gusuno existe. Uno de los segadores le preguntó:
- ¿Es verdad que Gusuno existe? El joven respondió:
- Sí, Gusuno existe.
- Pues, continúa tu camino porque Gusuno está delante de ti, concluyó el segador.
El muchacho se levantó y prosiguió su andadura. Cuando ya se había alejado un buen trecho del campo de arroz, se encontró con un pozo bastante pequeño y de escasa profundidad en el que confluían siete ríos de gran caudal que procedían de diferentes direcciones y que vertían sus aguas en él. El muchacho estaba perplejo por lo que estaba viendo, se detuvo a contemplar un espectáculo tan extraño preguntándose:
- ¿Cómo es posible que un pozo tan pequeño sea capaz de recibir el agua de siete ríos caudalosos y no desborde ni se llene?: Durante un buen rato contempló esa maravilla y el pozo seguía sin llenarse.
- No entiendo por qué el pozo no llega a desbordar con la cantidad de agua que se vierte en él ¿qué puede significar esto? Y como no encontraba una solución al enigma se dijo:
- Bueno, no pasa nada. Gusuno existe. Desde el fondo del pozo una voz le preguntó:
- ¿De verdad que Gusuno existe?
El muchacho miró por todas partes y no vio a nadie, pero respondió sin vacilar:
- Sí, Gusuno existe. La voz insistió:
- ¿A pesar de tus reflexiones y de que no encuentras el significado de lo que estás viendo sigues afirmando que Gusuno existe?
- Desde luego, respondió el muchacho.
- Anda, ve adelante que Gusuno no está aquí, concluyó la voz.
El joven se levantó y reemprendió su marcha por tercera vez. Ya estaba muy lejos del fragor de las aguas cuando llegó a un lugar donde discurrían paralelamente tres ríos, los dos de los extremos iban llenos de agua hasta el borde y arrastraban un caudal extraordinario, mientras que el del medio cuyo cauce era también enorme iba completamente seco, ni siquiera había en él un poco de barro. Uno de los ríos hacía bolas de agua y las lanzaba: ¡fem! por encima del río seco al río del extremo opuesto sin que una sola gota cayese sobre el cauce del anterior; y recíprocamente: ¡kuum!
El muchacho estaba fascinado por lo que veía y se decía:
- ¡Ku, kuuu!. ¡Esto es increíble! Tres ríos fluyen el uno al lado del otro, dos van llenos de agua hasta rebosar y el tercero que discurre entre los otros dos está totalmente seco. Es la primera vez que veo una cosa semejante. No entiendo nada. En fin, no pasa nada, Gusuno existe.
En estos pensamientos se entretenía cuando oyó una voz:
- Vuelve a tu casa. A partir de aquí Gusuno ya no existe, el camino se detiene aquí. Vuelve. El joven respondió:
- Es verdad. Mi padre me dijo que hiciese este viaje para descubrir cosas nuevas y, por cierto, que las he descubierto. Creo que con las tres que me he encontrado tengo ya suficiente. Y emprendió el camino de regreso a casa. Llegó un atardecer. Después de cenar se acercó a la habitación de su padre, se sentó junto a él y le dijo:
- Padre, ya estoy de vuelta. El anciano le respondió:
- Bienvenido. Y ¿qué es lo que has visto por el mundo?
- En primer lugar vi tres segadores que segaban mieses de arroz todavía verdes y sin granar; pude hablar con uno de los segadores. Seguidamente vi siete ríos caudalosos que vertían sus aguas en un pozo pequeño que nunca llegaba a llenarse; la voz del pozo también se dirigió a mí. Más adelante vi tres ríos que fluían juntamente, dos con sus cauces rebosantes de agua y el tercero, que fluía en medio de los otros dos, totalmente seco. Después di media vuelta y regresé a casa.
- ¿Eso es todo lo que has visto?, insistía el padre.
- Eso es, efectivamente, respondió el muchacho.
- Está bien. Ahora quiero explicarte con detalle todo lo que has visto para que más tarde lo puedas explicar en el momento oportuno. Tienes la costumbre de decir que Gusuno existe y es verdad, ahora lo vas a entender mejor:
Los siete ríos que vertían sus aguas en un pozo de reducidas dimensiones sin jamás llegar a colmarlo son las palabras que penetran los oídos de una persona sin que nunca lleguen a saturarlos. Esa es la primera enseñanza.
Más adelante llegaste a un lugar donde había tres ríos, dos rebosantes de agua que se la lanzaban mutuamente el uno al otro mientras un tercero discurría a su lado totalmente seco. Lo mismo pasa con las personas de una misma familia: padre, hijos, hermanos...y hasta con los de un pueblo entero; hay algunos miembros que tienen tantas riquezas que no saben dónde ponerlas, y hasta juegan con ellas, mientras otros no tienen nada, sólo dificultades, y la pobreza anega su vida como el tercer río. Esa es la segunda enseñanza que debes retener.
Los segadores de mieses de arroz verde representan a los niños y jóvenes que mueren antes de llegar a la madurez de la vida, son también los abortos que no logran ver la luz. Todos ellos son segados antes de fructificar. Es la tercera enseñanza. Y concluyó diciendo:
- Gusuno existe y así es como creó el mundo. Ya lo sabes, tú mismo lo has podido comprobar. Por lo tanto, el día que yo falte serás tú el que te harás cargo de la familia porque ya tienes los suficientes conocimientos para ser su guía y explicar los secretos de la existencia a quien los necesite.

EXTRAIDO DE
http://www.librodearena.com/blog/eltamtamdelgriot/3004